jueves, 31 de enero de 2008

Mi amigo el silencio


Mi amigo el silencio me acompaña
me dice palabras al oído
y aunque el dolor mi alma empaña
su paz me devuelve al nido...
En la soledad le encuentro
adornando mi espacio sin motivos
y aunque parece que no ha vuelto
yo le consigo en todos mis caminos...
Es constante y no me abandona
me acaricia con el viento
me sonríe sin demora
y aunque aveces no le veo
su constancia mi alma añora...
Mi amigo el silencio me acompaña
me dice palabras sin sentido
y es que ha vuelto algo distinto
escondiendo su rostro bajo mi almohada...
Está nervioso y no lo escucho,
lo extraño en mi vida y en mi mundo
¿será que acaso de mí se ha olvidado
o tal vez algún duende lo ha alejado?
Quizás no quiere llenar mis días
de preocupaciones y agonías
y sólo desea devolverme una sonrisa
para que mi vida sea algo distinta.
Mi amigo el silencio me acaricia,
luego de varios días de ausencia
y me dice al oído esas palabras
que mi alma por siempre necesita...
Mi amigo el silencio me explica
la bondad de su distancia
y me dice que en esta vida
tengo que luchar por la alegría
que deje escapar en la agonía
y decidí no luchar para conseguirla.
Hoy lo veo más radiante
y sé que será la despedida
ya no habrán más caricias
ni pensamientos distantes
pues he decidido libre dejarle
y encontrar mis propias verdades.
Mi amigo el silencio me acompaña
pero está vez no dice nada
desea regalarme una hermosa mañana
repleta de sentimientos y calma...
Ya no hay soledad en mi vida
pero él sin decir nada cuida mis pasos
y me devuelve calladito la alegría
para que yo pueda cada instante disfrutarlo
.

martes, 1 de enero de 2008

Cuando el dolor nos embarga

Hoy no encuentro palabras para describir el dolor inmenso que en mi ser se esconde. Ese dolor de saber que una etapa culmina para dar paso a una nueva para la que no te preparaste. Esa sensación de vacío y desolación que nos hace llorar sin entender el porque de cada una de las vivencias que tenemos que enfrentar. No podemos identificar con claridad el punto en el que nos perdimos o la razón por la cual no quisimos darnos cuenta de que había situaciones que nos herían y nos lastimaban. Han pasado los días y el dolor no es menor, por el contrario, cada día el dolor se agudiza, pero las ganas de hacer las cosas bien siguen allí. Esta vez no es momento de retroceder como una vez lo hicimos, esta vez es momento de ser valientes y de enfrentarnos a lo que venga. Esta vez es necesario desprendernos para poder entender con claridad y de manera objetiva cual es nuestra realidad, esa a la que muchos le temen. Tenemos que aprender a dejar en las manos de Dios nuestras preocupaciones, angustias y miedos. Dejar que sea Dios quien nos muestre el camino. Hoy me duermo tranquila, con la seguridad de que cada vez que me sienta caer, mi Dios me sostiene.